lunes, 1 de diciembre de 2025

MELCHOR, EL MAGO


    La inmensidad de la arena, de las dunas, se pierde en el horizonte, alcanzando la inmensidad del cielo con sus estrellas. Y entre todas, animando, desde el balcón del cielo, una.

    Un hombre camina, siguiendo las huellas que en el cielo va dejando la estrella, un camino que en el cielo, como en la tierra; que mueve el aire de las estrellas en el cielo, el de la arena en la tierra. 

    Lleva varias jornadas de camino, y el tedio del desierto se apodera de su mente y piensa: ¿Y si la meta de este viaje es solo un sueño, el último delirio, quizá el más grave de un viejo que se ha pasado la vida mirando el cielo, contemplando las estrellas, buscando señales?

    A pesar de las dudas, que le asaltan, sentado sobre su camello, continua su camino. Mira el punto donde las arenas del desierto se une al cielo repleto de estrellas. Pensando que su vida se ha consumido con aquella obsesión, una obsesión que surgió en su juventud y que no lo ha abandonado nunca y que, en esta hora, anhela, que el sueño se convierta en realidad. Sonríe al redescubrir, una noche más, esa estrella, que parece sólo ver él, y que da sentido a tan larga vida.

    De esta forma, una noche, mirando la inmensidad del cielo, cuando una noche se dio cuenta de que llevaba varios días, quizá mucho, había perdido la cuenta, de viaje, sin un destino, sin una meta, sin más compañía que su propia soledad, y aquel paje o criado que nunca hablaba. Y fue entonces cuando penso en deshacer el camino y volver a su hogar, y pensó que todo había sido un engaño, que su vida había sido una mentira y que lo que había visto y veía en el cielo, tan sólo era, un espejismo.

    La decisión estaba adoptada, volvería a su pías, a su casa y repartiría, una vez más, el oro que llevaba a aquel pequeño entre los más necesitados de su pueblo. Le dolía la decisión, pero no quedaba otra, se había equivocado, su vida había sido un error; pensó apesadumbrado y volvió su camello para volver a casa.

    En ese momento, como si se tratara de un guiño del cielo, la estrella brilló con más fuerza, y el mago sintió como por las arenas del desierto cabalgaba un camello, se dio la vuelta y vio, asombrado, como otro hombre, sobre otro camello; seguía la misma estrella que el mismo seguía. Suspiro y se ddio cuenta que no soñaba, que todo era cierto.

Autor.- Víctor Hernández Mayoral.
Ilustración.- Realizada con inteligencia artificial.

 

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